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¿Qué ocurre en el cuerpo cuando llevamos a nuestros hijos en brazos?

¿Qué ocurre en el cuerpo cuando llevamos a nuestros hijos en brazos?

Cuando sostenemos o llevamos a nuestros hijos cerca, ocurre algo más que el simple hecho de estar cerca el uno del otro. El contacto físico, el calor, el olor, el movimiento y los sonidos envían constantemente señales entre el sistema nervioso del niño y el del adulto.

Una parte importante de esta interacción es la hormona oxitocina, que a menudo se conoce como la «hormona de la cercanía» o «hormona del apego».

Oxitocina: la hormona de la cercanía del cuerpo

La oxitocina se libera, entre otras cosas, al tocar, mediante el contacto piel con piel y durante la lactancia. Las investigaciones demuestran que el contacto piel con piel puede aumentar los niveles de oxitocina tanto en los padres como en los niños. En estudios realizados tanto con madres como con padres, el contacto piel con piel también se ha relacionado con una reducción del estrés y la ansiedad en los padres.

La oxitocina interviene en varios procesos que son importantes para la interacción temprana entre padres e hijos. Puede contribuir a la tranquilidad, al contacto social y a la capacidad de prestar atención y responder a las señales del niño.

Cuando el sistema de respuesta al estrés se relaja

Otro aspecto importante es cortisol, una hormona relacionada con el sistema de respuesta al estrés del organismo.

Cuando nos sentimos seguros, la respuesta al estrés del cuerpo puede disminuir. Los estudios sobre el contacto piel con piel han demostrado una reducción de los niveles de cortisol tanto en los padres como en los niños en determinadas situaciones. La Organización Mundial de la Salud también describe el contacto piel con piel como una parte importante del cuidado de los recién nacidos, entre otras cosas porque puede contribuir a la regulación del estrés y a la estabilidad fisiológica.

Para el recién nacido, esto resulta especialmente interesante. El sistema nervioso del bebé aún se encuentra en fase de desarrollo y necesita la ayuda de su entorno para regular, entre otras cosas, el estrés, la temperatura, el sueño y la vigilia.

De este modo, el cuerpo del adulto puede actuar como una especie de entorno seguro y regulador para el niño.